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Para Robert Fludd

Anselm Kiefer, que nació en Alemania unos meses antes de que en Europa se librara la última batalla que ponía fin a la Segunda Guerra Mundial, creció siendo testigo de las consecuencias de una guerra moderna y de la división de su patria. Presenció igualmente la reconstrucción de una nación dividida y su lucha por la renovación. Kiefer se consagró a estudiar cómo se entretejen elementos de la mitología y de la historia alemana y su incidencia en el auge del fascismo. Se enfrentó a estas cuestiones violando tabúes estéticos y resucitando iconos sublimados. En uno de sus primeros proyectos, la serie Ocupaciones (Besetzungen) de 1969, Kiefer se fotografió a sí mismo realizando el saludo nazi en varios lugares durante un viaje por Suiza, Francia e Italia. Las pinturas posteriores —paisajes inmensos e interiores arquitectónicos, a los que solía aplicar arena y paja— evocan el patrimonio político y literario de Alemania; abundan las referencias a las leyendas de los Nibelungos y a Richard Wagner, a la arquitectura de Albert Speer y a Adolf Hitler. Desde mediados de la década de 1980, y concretamente después de trasladarse al sur de Francia a principios de los noventa, Kiefer amplió su iconografía para abordar temas más universales como la civilización, la cultura y la espiritualidad, inspirándose, entre otros, en la Cábala, la alquimia y la mitología de la Antigüedad.

Los libros de artista han sido uno de los principales medios de expresión de Kiefer desde 1968. A diferencia de otros libros de artista, que se conciben como "múltiples", los de Kiefer son piezas únicas, artesanales y, en este sentido, más próximas a las pinturas o las esculturas. Para Robert Fludd (Für Robert Fludd, 1995–96) está dedicado al filósofo metafísico y alquimista inglés del mismo nombre (1574–1637), para quien los seres humanos contienen la esencia de todos los elementos del universo, estableciéndose un orden cosmológico. Además, Fludd se caracterizó por saber transmitir sus ideas filosóficas y cosmológicas de forma gráfica, gracias a los mejores grabadores de su época.

A principios de los años noventa Kiefer comenzó a realizar libros y pinturas que tenían a Fludd como tema. Este libro en concreto recoge una sucesión de fotografías que ilustran un campo de girasoles. Estableciendo una analogía, los girasoles representan para Kiefer, el pensamiento de Fludd: la creencia en la existencia de una relación entre el microcosmos y el macrocosmos. (Este símbolo también aparece en Girasoles [Tournesols, 1996].) La cubierta del libro muestra una fotografía en blanco y negro de un girasol. En su interior, las fotografías ofrecen imágenes de girasoles creciendo, madurando y perdiendo sus semillas, que Kiefer representa con semillas de girasol reales colocadas en collage en las páginas. Los girasoles terminan marchitando y desapareciendo, hasta que solo quedan las semillas. En la hoja siguiente, las semillas esparcidas son sustituidas por la imagen de un cielo estrellado.

Fuente(s):
Nancy Spector, "Anselm Kiefer", en Spector (ed.), Guggenheim Museum Collection: A to Z, Solomon R. Guggenheim Museum, Nueva York, 2009.
Miguel López-Remiro, "Anselm Kiefer", en Colección del Museo Guggenheim Bilbao, Guggenheim Bilbao Museoa, Bilbao y TF Editores, Madrid, 2009.
"Anselm Kiefer", en La Colección Permanente de los Museos Guggenheim, Guggenheim Bilbao Museoa, Bilbao, 2007.

Anselm Kiefer

Para Robert Fludd (Für Robert Fludd), 1995–96

Emulsión, acrílico y pipas de girasol en xilografía sobre composición fotográfica

103,5 x 81 x 10,6 cm, 16 páginas dobles

Guggenheim Bilbao Museoa

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