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Marina

Gracias a la creación de una serie de imágenes muy eclécticas y aparentemente incompatibles, desde la figuración y los paisajes hasta las abstracciones gestuales y los monocromos, Gerhard Richter ha podido escapar de la identificación con un estilo "característico y personal" y un discurso normativo de la historia del arte. A comienzos de la década de 1960, Richter respondió, junto a sus compañeros de estudio Konrad Lueg y Sigmar Polke, ante la proliferación de iconografía generada por los medios en el panorama contemporáneo. Para ello, crearon un grupo al que bautizaron como Realismo Capitalista, caracterizado por su crítica a la cultura del consumismo. Durante las décadas de 1960 y 1970, Richter siguió utilizando imágenes procedentes de los medios como base para explorar la relación entre la pintura y la fotografía.

En 1968–70, época en la que cada vez utilizaba más sus propias fotografías para realizar pinturas figurativas, Richter creó su primera serie de paisajes marinos. Recuperó esta temática en 1975 y también en 1998, cuando realizó dos paisajes marinos de mayor tamaño basados en fotografías que había realizado en Tenerife. Una de estas pinturas, que actualmente forma parte de la colección del San Francisco Museum of Modern Art, muestra una línea costera rocosa en un primer plano, mientras que la Marina (Seestück) del Museo Guggenheim Bilbao presenta al espectador la extensión ilimitada del océano salpicado solo por olas, bajo un cielo sutilmente modulado.

Al igual que sus imágenes de nubes y otros paisajes, las marinas de Richter recuerdan la obra de románticos alemanes del siglo XIX como Caspar David Friedrich, cuyas pinturas evocadoras y temperamentales captan el encuentro del hombre con una naturaleza imponente y espiritual. Marina transmite una sensación similar de lo sublime, no solo en la inmensidad del entorno representado sino también en las impresionantes dimensiones del lienzo.

Esta obra, que ocupa una superficie de casi nueve metros cuadrados, eclipsa las pinturas de caballete y tamaño convencional de Friedrich. No obstante, estas dimensiones, así como la sobria composición de la obra, invitan a compararla con las grandes pinturas abstractas de Mark Rothko caracterizadas por planos de color flotantes y amontonados que el historiador del arte Robert Rosenblum relacionó memorablemente con la obra de Friedrich, englobándolas en una "tradición romántica del norte" más amplia.

Mientras Friedrich definía sus paisajes con destacada claridad y detalle, los paisajes de Richter se caracterizan por su peculiar técnica de desdibujado con escobillas de goma. Sustituyendo la huella de la pincelada del artista con una factura despersonalizada que evoca las manipulaciones mecánicas de la fotografía, esta técnica oculta el límite entre lo fotografiado y lo pintado. La confusión de la imagen también cuestiona la propia naturaleza de la representación y la veracidad de lo que se representa, sugiriendo de este modo una relación con el mundo natural que difiere bastante de la que plasman los predecesores románticos de Richter. Ello no implica que las obras de Richter carezcan de la apreciación estética tradicional de la naturaleza. En una entrevista realizada en 1970, cuando se le preguntó por qué había dado un giro hacia la pintura paisajista, el artista simplemente dijo: "Me apetecía pintar algo bello". En alguna ocasión, Richter ha declarado que sus paisajes y bodegones en general estaban inspirados en la "añoranza" o "nostalgia", sugiriendo la pérdida de algo irrecuperable.

Gerhard Richter

Marina (Seestück), 1998

Óleo sobre lienzo

290 x 290 cm

Guggenheim Bilbao Museoa

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