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Jaosokor

A finales de la década de 1980, Susana Solano adquirió reconocimiento internacional como una de las artistas españolas más importantes de su generación. Sus esculturas son formalmente sobrias, pero muy evocadoras. Muchas de sus estructuras recuerdan la geometría sencilla del Minimalismo o el concepto de proceso asociado al Posminimalismo, pero reflejan diversas asociaciones metafóricas. Por ejemplo, una serie de esculturas de metal de la década de 1980 alude a elementos de la arquitectura doméstica o características del paisaje natural, mientras que otras construcciones en rejilla de gran tamaño se parecen a las jaulas y transmiten la sensación de estar atrapado. Desde los lienzos plegados y agrupados que expuso en su primera exposición individual en la Fundació Joan Miró de Barcelona en 1980, la obra de Solano ha reflejado un permanente interés por las cavidades y espacios interiores, parcialmente abiertos o cerrados, y evocadores de cuerpos o espacios que contienen cuerpos. La presencia corpórea sutil y a menudo implícita en su obra refleja su constante preocupación por explorar los caprichos de la existencia humana.

En la década de 1990, además de seguir ampliando su abanico de materiales escultóricos, Solano comenzó a crear instalaciones con múltiples componentes y a incorporar la fotografía en su arte. En los últimos años de la década, su obra también empezó a reflejar sus largos viajes y encuentros con culturas no occidentales de África y otros continentes. Una de sus primeras y más intensas obras de esta etapa, Jaosokor, se compone de una estructura de hierro en forma de canoa, cubierta de tiras de plástico transparente e incoloro atadas a intervalos regulares. Iluminada por la luz ambiental de la galería, la superficie de la escultura evoca sutilmente las propiedades del agua, un elemento recurrente en la obra de Solano. Aunque esta estructura está hecha con materiales industriales, sugiere la destreza manual tribal, idea que Solano refuerza al colgar en la pared junto a la escultura la fotografía del rostro de un isleño de los Mares del Sur. A Solano se le ocurrió esta obra tras una estancia en Irian Jaya, la parte indonesa y más occidental de la isla de Nueva Guinea, donde pasó una temporada en la pequeña aldea de Jaosokor. Mediante la yuxtaposición de formas y motivos indígenas con materiales sintéticos occidentales, Jaosokor representa la confrontación entre dos mundos. En opinión de la comisaria Teresa Blanch, que ha escrito mucho sobre la obra de Solano, esta pieza "evoca un viaje perturbador por las diferentes edades de la humanidad" y constituye una "denuncia de los abusos perpetrados contra los pueblos indígenas" y, al mismo tiempo, un "homenaje (más universalizador) a la perseverancia del ser humano ante las grandes fracturas existenciales causadas por la historia".

Susana Solano

Jaosokor, 1997

Hierro, PVC, cordel y fotografía

Dimensiones de ubicación específica

Guggenheim Bilbao Museoa

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