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En una (Microverso I) fracción

Darío Urzay comenzó su carrera pintando lienzos hiperrealistas antes de decantarse por la pintura abstracta y, más tarde, desarrolló el lenguaje personal que ha caracterizado su obra desde la década de 1990. A finales de los ochenta, descubrió la obra de Gerhard Richter, cuyas pinturas alternan lo abstracto y lo figurativo, y ello supuso una importante revelación. La obra de Urzay es ejemplo de una tendencia de la pintura contemporánea que se encuentra bajo la influencia de la proliferación de nuevos medios, como el vídeo y la fotografía digital, y de un discurso crítico que otorga prioridad al aspecto conceptual de la pintura. Reconoce que, ontológicamente, el mundo puede estar organizado de una forma que no es verdadera ni ficticia exclusivamente, y que eso se puede hacer tanto con un pincel como con una cámara. Por ello, muchos artistas contemporáneos han alternado la pintura y la fotografía, y otros han creado híbridos de ambas artes. De hecho, muchas de las obras de Urzay son auténticos híbridos de varios géneros; ha creado numerosas obras con múltiples paneles de madera colgados en paredes o colocados en el suelo, que se aproximan más a la escultura y a la instalación que a la pintura. También combina la pintura con la fotografía, de tal manera que a menudo resulta difícil saber cómo se ha conseguido la imagen resultante. El carácter marcadamente científico y futurista de su obra nos lleva a universos de ciencia ficción y psicodelia. También hay indicios de Surrealismo y misticismo, y referencias a estados de conciencia más elevados.

En una (Microverso I) fracción (1997), una de las obras más monumentales del artista pertenecientes a su primer período de madurez artística, está compuesta por cinco paneles que forman una suerte de pantalla cinematográfica. Los tres paneles centrales son pinturas, mientras que los de los extremos son fotografías. Toda la superficie está cubierta con un barniz muy brillante. La imagen de los tres paneles centrales, que son azules, es muy característica de la obra de Urzay durante este período. Es una imagen ambigua que sugiere una visión casi fotográfica del espacio exterior al tiempo que presenta un material orgánico microscópico, también recurriendo a un estilo cuasi-fotográfico. Urzay creó la imagen vertiendo materiales (como pigmentos y otros polvos, virutas metálicas y aglutinantes líquidos) sobre una plancha de madera y, posteriormente, moviéndola para provocar el flujo y el movimiento magnético de los materiales. Realizó un movimiento similar en el papel fotográfico de los dos paneles laterales. En este caso, ha fotografiado la cámara frente a la grabación en vídeo de un ojo que se muestra en una pantalla de televisión. Urzay considera que estas imágenes constituyen una manera de llevar al sujeto fotógrafo a su objeto fotografiado —del ojo al ojo— y, metafóricamente, es una forma de registrar el esfuerzo de aprehensión de la luz. Lo que interesa al artista, tanto en la fotografía como en la pintura, es la base física con la que se puede generar un discurso más allá de la física.

Fuente:
Enrique Juncosa, "Dario Urzay", en Colección del Museo Guggenheim Bilbao, Museo Guggenheim Bilbao, TF Editores, Bilbao/Madrid, 2009.

Darío Urzay

En una (Microverso I) fracción, 1997

Técnica mixta sobre madera

170 x 850 cm

Guggenheim Bilbao Museoa

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