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Abrazo XI

Eduardo Chillida estudió arquitectura en Madrid entre 1943 y 1947, antes de dar un giro hacia la pintura y, por último, después de trasladarse a París en 1948, optar por la escultura. Su inicial conocimiento de la arquitectura queda patente en la estructura subyacente, la atención a los materiales y la cuidada planificación de las relaciones espaciales que caracterizan sus esculturas. De hecho, Chillida concebía la escultura con relación a la arquitectura: "Construir es crear en el espacio. En esto consiste la escultura y, en términos generales, es la escultura y la arquitectura", afirmó [1]. En cinco décadas, se convirtió en uno de los artistas vascos más importantes del siglo XX y fue una figura reconocida internacionalmente en la escultura de posguerra, al dejar un rico legado de esculturas públicas monumentales y de ubicación específica, así como obras de tamaño más convencional.

Chillida elegía materiales que plasmaban su búsqueda en torno a cuestiones conceptuales y metafísicas. Para sus primeras esculturas realizadas en París, optó por la piedra y el yeso, materiales adecuados para sus estudios sobre las obras antiguas expuestas en el Louvre, y se inspiró en la figura humana y en las formas naturales. A su vuelta al País Vasco en 1951, comenzó a centrar su atención en la metamorfosis del espacio y en la definición abstracta del volumen espacial a través de la forma, y pasó a utilizar el hierro y después la madera y el acero, materiales que representaban las tradiciones vascas en la industria, la arquitectura y la agricultura, y que también recordaban el paisaje característico vasco y lo que Chillida describía como su "luz oscura".

Abrazo XI (Besarkada XI, 1996) es una estructura de acero que se constituye como elemento vertical y a la vez curvo. A diferencia de Consejo al espacio V (1993), que también pertenece a la Colección del Museo Guggenheim Bilbao, esta obra es de acero forjado surgido de la lucha del artista con el material sometido al fuego. Las secciones de acero se entrelazan y se curvan, como plantas que crecen sobre el terreno y se desmoronan sobre sí mismas al abrazarse. Abrazo XI y Consejo al espacio V reflejan la estrecha relación de la obra de Chillida con la naturaleza. Al aire libre, bajo la luz cambiante, estas obras revelan la proyección de sus curvas y su perímetro.

1. Eduardo Chillida, conversación con Mario Terès, en Christa Lichtenstein, Chillida und die Musik. Baumeister von Zeit und Klang, Wienand, Colonia, 1997, p. 73; citado en Chillida, 1948–1998, cat. expo., Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, Madrid, 1998, p. 62.

Fuente(s): Kosme de Barañano, "Eduardo Chillida", en Colección del Museo Guggenheim Bilbao, Guggenheim Bilbao Museoa, Bilbao; TF Editores, Madrid, 2009.

Eduardo Chillida

Abrazo XI (Besarkada XI), 1996

Acero

260 x 88 x 108 cm

Guggenheim Bilbao Museoa

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