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Yves Klein

1 de febrero, 2005 – 2 de mayo, 2005

La muestra abarca toda su trayectoria: las primeras pinturas monocromas en naranja, amarillo, verde, rosa y blanco, los famosos monocromos azules, los relieves y esculturas de esponja, las Antropometrías, los monodorados y sus últimos experimentos con elementos naturales como el fuego, el aire y el agua. La audaz obra de Klein, creada en tan sólo siete años, se anticipó a muchas de las tendencias posteriores como los happenings, las performances, el Land Art (arte de la tierra), el Body Art (arte del cuerpo) y algunos elementos del arte conceptual, y continúa estando vigente en la actualidad.

Yves Klein nació en 1928 en Cagnes-sur-Mer. Su padre, Fred Klein, era un pintor figurativo, y su madre, Marie Raymond, una pintora abstracta de la Escuela de París. A pesar de haber nacido en una familia de artistas, Klein comenzó su carrera como yudoka. Su gran devoción por la filosofía y la práctica de este arte marcial asiático (estudió en el renombrado Instituto Kōdōkan de Tokio durante quince meses) tuvo una influencia decisiva en su concepto del arte. El yudo de Kōdōkan está muy influenciado por la filosofía Zen, y representa la unión de la mente y el cuerpo, una mayor receptividad, la búsqueda de un estado de vacío y la total armonía con la existencia. Además, Klein se interesó desde muy joven por las enseñanzas religiosas cristianas difundidas por los seguidores de la Orden Rosacruz. El profundo interés que tuvo por el ritual, la inmaterialidad y el vacío a lo largo de toda su vida no deriva de una vinculación a dogma religioso concreto alguno, sino que expresa su preocupación por los temas espirituales.

La primera aparición oficial de Klein como artista plástico tuvo lugar en 1955, con la presentación de su monocromo Expresión del universo de color minio naranja en el Salon des Réalités Nouvelles. El Salon rechazó la pintura, argumentando que un solo color no bastaba para crear una pintura. La retrospectiva que presenta el Museo incluye una serie de estos primeros monocromos en amarillo, blanco, negro, rojo, rosa y verde.

Desde el principio, Klein prefirió utilizar rodillos en lugar de pinceles para eliminar cualquier rastro de la mano del artista en la aplicación de la pintura. El color se convierte, así, en lo más importante. Los lienzos de Klein, al no estar limitados por los bordes de la pintura, no pretenden ser vistos como planos, sino más bien como vibrantes campos de color que se expanden por el espacio. Para el artista, el color era "sensibilidad materializada"; el medio con el que expresa su esfuerzo por transformar la percepción puramente visual en un concepto más amplio de percepción sensorial. El artista francés desafió al público a que se sumergiera en el espacio infinito del color y experimentara una mayor sensibilidad hacia lo inmaterial.

Klein atribuyó un papel particular al color azul, que para él encarnaba los motivos más abstractos de la naturaleza tangible y visible como son el cielo y el mar. Para ello, durante largo tiempo buscó un azul que conservara la luminosidad original del pigmento y lo halló en el IKB (el Azul Klein Internacional): un azul ultramarino profundo que Klein desarrolló con la ayuda de un amigo químico y que luego patentó, convirtiéndose desde entonces su marca registrada.

Sus pinturas monocromas, esculturas y acciones, presentadas en exposiciones individuales en lugares como Milán, París, Dusseldorf y Londres, le convertirían rápidamente en un artista internacionalmente reconocido. Gracias a ese componente de acción que tiene su obra, Klein convirtió sus inauguraciones en eventos artísticos espectaculares, ofreciendo cócteles azules, o lanzando al cielo de París 1.001 globos azules para aumentar la sensibilidad por el azul de la población parisina. En sus utópicos proyectos, el artista fue aún más lejos: su Revolución Azul proponía que toda Francia fuese una superficie pictórica.

Además de una amplia selección de los primeros monocromos, el Museo Guggenheim Bilbao presenta un gran número de importantes relieves y esculturas de esponja azules (y algunos raros ejemplares en color rosa) en los que el artista combinó esponjas y pigmentos. Estas obras fueron realizadas después de los primeros relieves monumentales de esponja azules para el vestíbulo del Teatro de Gelsenkirchen. Su interés por la arquitectura le llevó a colaborar con el arquitecto alemán Werner Ruhnau en una serie de proyectos visionarios en forma de una "arquitectura del aire". La idea arquitectónica de Klein de sustituir las paredes por corrientes de aire fue tan revolucionaria como su exposición Le Vide (El vacío) en una galería de París en 1958. Con Le Vide el artista dio un paso más allá de la monocromía: en una sala completamente vacía, las paredes, pintadas de blanco por el artista, ponen al espectador en contacto directo con un espacio sensibilizado y sensibilizador. El arte ya no parece un objeto, sino que ahora se ve como una presencia artística que se percibe en el espacio. La exposición Le Vide está representada en la retrospectiva por una filmación que nos muestra a Klein ante sus paredes blancas.

Entre sus obras más fascinantes están las Antropometrías, que en su momento fueron muy controvertidas. Son las huellas corporales de color azul, rosa o dorado que los "pinceles vivientes" )modelos femeninos, y a veces masculinos, solos, en pareja o en grupo) dejan en lienzos y en papel de gran formato.

En las Cosmogonías, Klein capta en el lienzo las huellas del viento y la lluvia, y continúa sus experimentos con los elementos naturales, de los que también forma parte su último grupo de obras conocido como Pinturas de fuego. Estas obras, que se interesan por fenómenos pasajeros y universales, fueron creadas por medio de acciones espectaculares. Tanto este grupo de obras como las Antropometrías expresan la importancia que dio Klein a la acción. Las obras aquí mostradas pueden entenderse como reliquias, pues como dijo el propio Klein: "Mis obras son las cenizas de mi arte".

Yves Klein

Cosmogonía azul y rosa con huellas de viento, Sin título (COS 27) [Cosmogonie bleue et rose avec traces de vent, Sans titre (COS 27)], 1961

Pigmento seco en resina sintética sobre papel montado sobre tela

93 x 74 cm

Colección particular

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