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Richard Serra

27 de marzo, 1999 – 17 de octubre, 1999

Considerado uno de los escultores más destacados del siglo XX, Richard Serra es famoso por el carácter innovador y desafiante de una obra que subraya el proceso de fabricación, las características de los materiales y el compromiso con el espectador y el emplazamiento. En los inicios de su carrera, a principios de la década de 1960, Serra participó en los cambios que estaba experimentando la producción artística. Él y los artistas minimalistas de su generación recurrieron a materiales industriales, nada convencionales, y empezaron a resaltar las propiedades físicas de su obra.

Desligada de su papel simbólico, liberada de la base o pedestal tradicional e introducida en el espacio real del espectador, la escultura estableció una nueva relación con el espectador, cuya experiencia fenomenológica de los objetos se convertía en esencial para su significado. Se animaba a los espectadores a caminar alrededor -y a veces por encima, por dentro o a través- de la obra y a vivirla desde múltiples perspectivas. Con los años, Serra ha ido profundizando en este enfoque espacial y temporal de la escultura activando y comprometiendo el campo espacial entre sujeto y objeto. Durante las dos últimas décadas Serra ha realizado principalmente obras a gran escala, pensadas para un lugar específico, que crean un diálogo con un determinado entorno arquitectónico, urbano o paisajista y al hacerlo redefinen ese espacio y la percepción que el espectador tiene del mismo. Esta exposición presenta Torqued Ellipses (Torsiones elípticas), las últimas reflexiones de Serra sobre la fisicalidad del espacio y la naturaleza de la escultura.

Nacido en San Francisco en 1938, Serra se licenció en filología inglesa por la Universidad de California en Santa Barbara y, posteriormente, en Bellas Artes por la Universidad de Yale en 1964. Pasó los dos años siguientes estudiando en París e Italia, antes de establecerse en Nueva York en 1966. Durante 1967 y 1968 se dedicó a explorar una lista de verbos, como "salpicar", "enrollar", "apoyar", "cortar" y "doblar", que describen muchos de los procesos utilizados por el artista a lo largo de su carrera, utilizando sus propias manos o mediante métodos de fabricación industriales. Serra realizó muy pronto obras en las que lo esencial era el proceso.

Utilizando materiales poco frecuentes, como el caucho, que colgaba en tiras en las paredes de las galerías, y plomo fundido, que arrojaba en el ángulo entre la pared y el suelo, Serra dedicó especial atención al proceso mediante el cual se forman los materiales, y también a sus reacciones ante condiciones externas como la gravedad o la temperatura. Considerando que estas primeras obras seguían teniendo mucho de la tradicional relación de figura-fondo con el suelo o la pared, Serra, en 1969, empezó a moverse en otra dirección. Con su obra, hoy en día icónica, One Ton Prop (House of Cards) [Apeo de una tonelada (Castillo de naipes)], formada por cuatro planchas de plomo que mantienen la verticalidad por la fuerza de su propio peso al apoyarse unas sobre otras, Serra empezó a interesarse por la naturaleza tectónica de la escultura. Al igual que con las obras que reflejaban el proceso de su creación, seguía siendo visible la naturaleza de su construcción. En su serie de obras de apeos, Serra hizo patentes los principios del equilibrio y la gravedad y su papel elemental en la producción escultórica. A pesar de la flexibilidad del plomo y de su gran peso, estas obras están llenas de tensión; la aparente inestabilidad de los elementos crea un conflicto entre el miedo a que se derrumbe la pieza y la comprensión de las leyes de la física.

Desde 1970, Serra ha trabajado sobre todo en acero, un material asociado habitualmente con la arquitectura y la ingeniería, disciplinas en las que el artista han buscado una comprensión de los orígenes de la escultura. Con la introducción del acero como material, la escala de su obra aumentó de manera espectacular. Sus creaciones ya no podían seguir considerándose objetos discretos; su significado y composición no pueden separarse del entorno, y el espectador no puede verlos como un todo sin un examen peripatético. Este interés por una experiencia perceptual contingente al movimiento a través del espacio y el tiempo y, en palabras de Serra, al "recuerdo y la anticipación", surgió al conocer el artista los jardines Zen de Kyoto durante una visita a Japón de seis semanas en 1970: en el jardín Zen no existe una perspectiva fija. La influencia de este viaje fue evidente en muchas de sus obras posteriores, incluidas las que se presentan aquí, cuya perspectiva exterior no da ninguna pista sobre la forma interior.

La actual serie de Serra Torsiones elípticas, ocho de las cuales se incluyen en esta exposición, sigue ligada al vocabulario artístico que Serra ha ido desarrollando durante los últimos treinta años, pero refleja también un giro importante. Aunque hasta ahora la fisicalidad del espacio ha sido una preocupación constante para el artista, en estas nuevas obras el espacio se convierte en su material. Para expresarlo en palabras de Serra:

En la mayoría de las obras anteriores a Torsiones elípticas, yo conformaba el espacio entre el material que estaba manipulando, y me centraba en la medida y colocación de la obra en relación con un contexto dado. En estas obras, por el contrario, empecé con el vacío, es decir, empecé con el espacio, empecé de dentro hacia fuera, no de fuera hacia dentro, para poder encontrar la piel*.

El diseño de las piezas que el artista llama "receptáculos" está basado en dos elipses perfectas e idénticas que se solapan en un ángulo. El acero se curva para actuar como una piel que encierra los vacíos elípticos y que gira a medida que va ascendiendo desde la elipse inferior a la superior. Los planos curvos del acero se inclinan hacia adentro y hacia afuera en un continuo, creando una forma no vista antes en arquitectura ni en escultura. Serra concibió en parte esta serie a raíz de una visita a San Carlo alle Quattro Fontane de Borromini en Roma, cuya cúpula elíptica asciende desde el espacio central de la iglesia como un cilindro oval. Serra se vio impulsado a explorar cómo esta forma podría doblarse hacia adentro sobre sí misma. Para resolver el problema, el artista y un ayudante hicieron maquetas utilizando dos elipses de madera pequeñas unidas mediante una clavija y que a continuación envolvieron en una única plancha de plomo. Utilizando los mismos principios, un programa de ordenador llamado CATIA, diseñado originalmente para la industria aeroespacial, pudo realizar dibujos de línea continua del volumen y determinar el ángulo de la curva de cada plancha de acero curvada en S necesario para las obras reales, que pesan aproximadamente 20 toneladas cada una y miden hasta 4,1 metros de alto. (Cada elipse tiene de dos a tres planchas). Tras una larga búsqueda, Serra encontró dos acerías con capacidad para fabricar estas obras tan complejas. Tres de las elipses ahora instaladas se fabricaron en el astillero y acería de Beth Ship en Maryland, EE. UU. y cinco en la Pickhan Umformtechnik GmbH en Siegen, Alemania. Como puede verse por las distintas pátinas del acero, Serra aceitó algunas de las obras, aunque la mayoría se dejaron oxidar.

Estas esculturas se adaptan perfectamente a la galería 104 (diseñada por Frank Gehry utilizando el mismo programa CATIA que Serra usaría después) del Museo Guggenheim Bilbao. Las Torsiones elípticas se muestran junto con Snake (Serpiente), 1996, una obra que el artista hizo específicamente para el Museo Guggenheim Bilbao. Formada por tres curvas serpenteantes de acero y compuesta por seis secciones (dos por curva), Serpiente tiene en total 31,65 metros de largo, 4 metros de alto y más de 6,8 metros de ancho. La sensación de movimiento e inestabilidad que transmiten los sinuosos e inclinados pasillos se refleja y magnifica en estas torsiones elípticas,, que continúan el interés de Serra por las formas curvilíneas, pero con una torsión añadida. En Serpiente, cada plancha de acero se inclina en una determinada dirección; en torsiones elípticas, una plancha puede ser tanto cóncava como convexa. En realidad, no existe en la estructura ninguna línea vertical perceptible. Estas nuevas formas parecen desafiar la gravedad y la lógica, haciendo que el acero sólido parezca tan maleable como el fieltro. Cambiando inesperadamente a medida que el espectador se mueve por dentro y fuera de ellas, estas esculturas crean experiencias sorprendentes de espacio y equilibrio provocando una sensación vertiginosa fruto de la combinación entre el acero sólido y el espacio en movimiento.

Esta exposición ha sido organizada por The Museum of Contemporary Art, Los Ángeles.

* Lynne Cooke y Michael Govan. "Interview with Richard Serra", en Richard Serra: Torqued Elipses (Nueva York: Dia Center for the Arts, 1997), p.13.

Richard Serra
Vista de las Torsiones elípticas (Torqued Ellipses) en la sala 104

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