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Palazuelo. Proceso de trabajo

14 de marzo, 2007 – 3 de junio, 2007

Pablo Palazuelo (Madrid, 1915 – Madrid, 2007) es una de las figuras clave del arte español de la segunda mitad del siglo XX, que, desafortunadamente, sigue sin gozar del reconocimiento internacional que su obra merecería. Esta exposición retrospectiva, organizada por el Museu d'Art Contemporani de Barcelona en coproducción con el Museo Guggenheim Bilbao, pone el énfasis precisamente en los aspectos más ignorados de la obra de este artista, incorporando muchos trabajos que no habían sido presentados en público anteriormente. Con más de 300 obras, incluye una amplia selección de dibujos, gouaches, pinturas y esculturas.

Las razones del desconocimiento de su obra son varias, pero sobre todo una concepción dominante excesivamente lineal de la abstracción, que arranca de las experiencias posimpresionistas en el tránsito al siglo XX y que en los años sesenta llega a sus últimas consecuencias con el Minimalismo. Según esta articulación de carácter teleológico, la abstracción es la culminación de los principios de autonomía y pura visualidad propios del arte moderno. La hegemonía indiscutida de este discurso ha hecho que otro tipo de prácticas y estéticas que, aunque situadas dentro del arte moderno han interiorizado sus principios de manera heterodoxa, hayan quedado parcialmente ignoradas. Palazuelo sería una de las figuras en tal situación.

Su obra ha sido clasificada por la historiografía de los últimos treinta años como una abstracción de tipo idealista, muy vinculada a corrientes de espiritualidad y a una concepción sagrada del artista y de su obra. Si bien Palazuelo se nutre efectivamente de corrientes de pensamiento vinculadas al esoterismo, la cábala, la filosofía y al pensamiento orientales, también es cierto que las matemáticas, la física y el pensamiento científico occidentales son fundamentales en su trabajo. El desarrollo de la abstracción y el uso de la geometría en su obra están íntimamente ligados a un proceso analítico basado en el descubrimiento (no en la invención) de nuevas formas. Este descubrir constante que guía su trabajo se traduce en una tensión manifestada a través de las variaciones interminables de las formas.

En este sentido, la exposición, comisariada por Manuel Borja-Villel y Teresa Grandas, no se plantea como una retrospectiva tradicional en la que se representarían cronológicamente las diferentes etapas de su trabajo, sino que se ha primado evidenciar su búsqueda de un tipo de abstracción cercana a nociones de proceso, performatividad o relacionalidad. Si bien la reconsideración de cuestiones como la geometría, o la materia, han sido centrales en su trabajo, no debemos olvidar la vinculación entre la estructura formal de la obra y la ambigüedad y la multiplicidad de referencias que su propia poética genera. Se trata de una obra que, aun dentro de la visualidad abstracta moderna, se vincula con prácticas y estéticas más relacionadas con lo simbólico, que exploran los espacios intersticiales que se generan a partir de lo visible, y en cuya búsqueda y afloración es esencial la intervención del espectador.

En el trabajo de Palazuelo, se produce una confluencia paradójica de formas de visualidad propias de la abstracción moderna con métodos de trabajo de carácter performativo y teatral, afines a la noción de teatralidad planteada por Michael Fried en 1967 en su ensayo "arte y objetualidad" (que implica lo discursivo, lo performativo y lo textual, frente a la visualidad pura, autónoma y autorreferencial del arte moderno), en su crítica al Minimalismo. La presente exposición pretende, precisamente, enfatizar los aspectos más ignorados, ambiguos e inasibles según el canon moderno en la obra de este artista, incorporando muchos trabajos que no habían sido presentados en público anteriormente.

 

Pablo Palazuelo

Omphale II, 1962

Óleo sobre lienzo

277 x 207 cm

Fondation Maeght, Saint-Paul-de-Vence
Foto: Claude Germain

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