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Max Beckmann: acuarelas y pasteles

27 de junio, 2006 – 17 de septiembre, 2006

Max Beckmann (Leipzig, 1884–Nueva York, 1950) es uno de los artistas más importantes del siglo XX y, sin embargo, su obra solo alcanzó su actual cota de notoriedad a partir de 1980. Las recientes retrospectivas de Nueva York, Zúrich y París han estimulado un enorme y renovado interés por sus creaciones.

Además de por su variada obra pictórica, que incluye sus hoy famosos nueve trípticos, Beckmann se granjeó fama como artista gráfico. Especialmente sus ciclos Viaje por Berlín (Berliner Reise, 1922) y El infierno (Die Hölle, 1919) son considerados actualmente como contribuciones artísticas esenciales para el análisis de la República de Weimar; la serie Día y sueño (Day and Dream), realizada posteriormente en América en 1946, reúne, como en un caleidoscopio, un universo de motivos de casi cinco décadas de creatividad

Unos pocos ejemplos extraordinarios de acuarelas y pasteles se han expuesto en diversos análisis de su obra, por lo que trabajos como Ulises (Odysseus, 1933) y El rapto de Europa (Der Raub der Europa, 1933) son tan famosos como algunas de sus pinturas. Sin embargo, aún quedaba pendiente un estudio en profundidad de Beckmann como pintor "sobre papel". Los pasteles y acuarelas han estado dispersos, a menudo ocultos en colecciones o, al menos, no han estado presentes de forma concentrada como lo han estado sus pinturas en el Saint Louis Art Museum de Missouri o en la Neue Pinakothek de Múnich. El catálogo razonado, fruto de un arduo trabajo, ha puesto en evidencia la importancia, en varios momentos de su trayectoria artística, de estas técnicas, a menudo caracterizadas como ligeras o efímeras.

Los pasteles de los años veinte preparan el terreno para una nueva consideración de la línea y el color; las grandes láminas de 1933 también muestran la brillante tonalidad lograda en el tríptico La despedida (Abfahrt, 1932–33). A lo largo de los años treinta y cuarenta, las acuarelas le servirían a veces como forma de relajarse de sus complejos trípticos tan llenos de ideas —por ejemplo, sus paisajes de Baviera o del mar Báltico—; en otras ocasiones, la técnica de la acuarela, al ser más espontánea, le proporcionaría un cierto placer de experimentación iconográfica, que generará, incluso para Beckmann, una inusual inventiva pictórica, como por ejemplo en Eternidad (Ewichkeit, 1936). Tras la experiencia de los dibujos a pluma realizados para el Fausto II de Goethe que Beckmann realizó durante la guerra, aparecieron después de 1945 hojas con complejas combinaciones de pluma, acuarela, guache, carboncillo, etc. Al mismo tiempo, sin embargo, Beckmann producía espontáneas piezas que proceden de impresiones visuales inmediatas, como sus escenas de café.

En una sugerente relación de la obra pintada con el arte gráfico y los estudios para sus composiciones, las obras en color sobre papel muestran a un Beckmann experimentando, relajándose o en atenta observación. En contraste con su obra pictórica, se percibe a un creador que se toma el trabajo con alegría, que deja espacio para el humor y que se rinde al estímulo del momento. La imagen de artista serio que sufre por los problemas de la historia y de la existencia humana se amplía para incluir sorprendentes facetas nuevas; además, su maestría técnica es especialmente notable en las obras sobre papel, cuyo atractivo fundamental, sin embargo, radica en que el espectador es testigo de un fascinante diálogo del artista consigo mismo, que cautiva incluso, o quizá especialmente, allá donde permanece enigmático.

Esta exposición, comisariada por Mayen Beckmann y Siegfried Gohr, muestra un centenar de acuarelas y pasteles de colecciones particulares y públicas, y ha sido organizada por la Schirn Kunsthalle Frankfurt y coproducida por el Museo Guggenheim Bilbao.

Max Beckmann

Mujeres en la playa bajo las sombrillas (Strandszene mit Sonnenschirm), 1936

Acuarela

65 x 50 cm

Colección Lackner, EE. UU.

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