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Manolo Valdés. Pintura y escultura

18 de octubre, 2002 – 19 de enero, 2003

Valdés, que inició su carrera en solitario en 1981 recreando y recontextualizando algunos de los iconos más representativos de la historia del arte, asume de esta manera el trabajo realizado por el Equipo Crónica, del que fue miembro durante casi dos décadas. El artista valenciano crea un lenguaje propio retomando el uso de las series como medio para establecer variaciones sobre un mismo tema, pero con nuevas pautas gracias a su uso de la materia en la búsqueda de las texturas.

Los inicios de Valdés se dan en el Equipo Crónica, una de las manifestaciones pop más importantes de España en la época franquista basada en la reutilización de muchos elementos de la Historia del Arte. La obra que se presenta en el Museo Guggenheim Bilbao ha sido realizada en Nueva York. Desde 1990 Valdés trabaja en un estudio en la calle 16 y vive en un apartamento en la 5ª Avenida. Éste es su comentario sobre la ciudad de Nueva York: "Aquí he encontrado mi espacio y sobrevivo. El día en que me marche llegará otro igual que yo y ocupará mi lugar. Esta ciudad no sufre la perdida de nadie".

En 1982 Valdés empieza sus revisiones artísticas con un acento más profundo en el soporte, en la utilización del collage y del papel con un sentido constructivo a la vez que inmaterial. En una época dominada por la abstracción informal o expresionista y por el criticismo formalista, Valdés se lanza a una figuración enormemente personal. Este realismo figurativo promete una legibilidad que el expresionismo abstracto no deseaba para la pintura, aunque en el fondo lo que ofrece es una figuración esterilizada y sobre todo desgarrada en su propia trama, en su lienzo.

Valdés ha realizado exposiciones individuales en todas las partes del mundo. Pocas han sido, sin embargo, las miradas retrospectivas sobre su personal obra. Sí ha habido, en cambio, innumerables presentaciones del Equipo Crónica, desde la obra gráfica en el Museo de Bellas Artes de Bilbao hasta el Museo Nacional Reina Sofía, o la exposición Del Equipo Crónica a Manolo Valdés que en septiembre de 1998 se inauguró en la vii Feria Internacional de Arte Contemporáneo de Guadalajara, México.

Por otra parte, en sus veinte años de camino en solitario Manolo Valdés ha cosechado multitud de premios: en 1984 recibe el Premio Alfons Roig de Valencia y el Premio Nacional de Bellas Artes. En 1985 se le concede la Medalla Nacional de Pintura en España. En 1986 obtiene la medalla de la Bienal en el Festival Internacional de Artes Plásticas de Bagdad (Irak). En 1993 recibe la Condecoración de la Orden de Andrés Bello en la Clase de Banda de Honor de la República de Venezuela, que el año anterior ha recibido el escultor Eduardo Chillida. En 1999 es elegido representante español, junto a Esther Ferrer, en la 48ª edición de la Bienal de Venecia.

Esta exposición subraya el sentido de su escultura, apenas conocida porque las exposiciones anteriormente citadas se han concentrado exclusivamente en su pintura, siendo la escultura primordial en el artista desde su comienzo en solitario. Se desea presentar por primera vez la obra pictórica y escultórica de Manolo Valdés como un todo que dialoga entre sí y que se fecunda en la realización y en sus problemas cotidianos, tanto iconográficos como matéricos. No es que se subraye el interés de su escultura en esta ocasión, sino que se quiere matizar que pintura y escultura han ido paralelas en la praxis del artista desde su comienzo.

Su escultura pública comienza en 1999 con un proyecto para Bilbao, que después se dilata en el tiempo. A la vez se le encarga un gran proyecto sobre la Dama de Elche para una de las glorietas de la ciudad de Valencia, cuyo primer boceto a gran escala se colocó a principios de 2002 en Park Avenue, Nueva York. En 2000 una escultura titulada Menina, de siete metros de altura y once toneladas de peso se instala en la rotonda del bulevar Salvador Allende en el paseo de la Chopera de Alcobendas, Madrid.

La propuesta estética de Valdés no sólo es una de las más válidas del terreno nacional, es también, con clara ventaja, una de las voces más propias y reflexivas sobre la Historia del Arte en el ámbito de la estética internacional.

Para esta exposición se ha llevado a cabo una selección de óleos, técnicas mixtas y esculturas de Manolo Valdés realizados durante los últimos veinte años y que permite al espectador introducirse en la estética y en la filosofía del arte de este gran artista.

La idea de utilización de los espacios para esta exposición no se rige por un criterio cronológico, consiste, más bien, en un recorrido por la obra del artista a través de temas y de sensibilidades hacia la propia historia del arte. Situado en la tercera planta del edificio de Frank Gehry, en sus salas mas contemporáneas, el itinerario de la visita según se sale del ascensor puede iniciarse indistintamente por la izquierda o por la derecha.

Para compensar la frialdad del titanio, el acero y el cristal se ha jugado con la colocación de la escultura en madera de Manolo Valdés sus mujeres sentadas, sus bodegones, o mesas así como sus referencias a Léger o la ya citada a Picasso con Las bañistas. Así mismo, para templar el pasillo cerrado que une la sala 303 con las salas clásicas, el artista ha creado ex profeso la mayor biblioteca realizada por él hasta este momento, una biblioteca de cinco metros de altura. El escritor Antonio Muñoz Molina señala en "La biblioteca de madera" que "Si otros escribimos libros, los atesoramos o los amontonamos, Manolo Valdés los talla, los organiza, los acumula sobre una pared como un bibliotecario falso, un carpintero y un leñador de la bibliofilia que al tallar imposibles libros de madera lo que está haciendo es celebrar la forma simple y mágica del libro (...) en los cuadros de Manolo Valdés se disfruta con igual intensidad la pintura y la historia de la pintura".

En su tarea Valdés se aproxima al historiador del arte, es un gran conocedor de la Historia del Arte, un recopilador de datos. No se trata de una memorización de obras ajenas ni de una simple apropiación patrimonial; se produce, en cambio, una presentación a modo de balsa, o mejor, una almadía pirenaica que hay que componer y cuya función primordial es armar "las historias ya pintadas" en concretos elementos observables, sensitivos. La memoria de Valdés recoge sensibilidades previas para crear la suya. La oeuvre de Valdés se construye, repito, como una balsa con trozos de árboles que a su vez con-forman una obra nueva que se desliza por las propias aguas de la Historia del Arte. Es una memoria del detalle que nos "presentiza" grandes imágenes del pasado.

Kosme de Barañano
Comisario de la exposición

Manolo Valdés

Matisse como pretexto, 1987

Técnica mixta sobre arpillera

170 x 240 cm

Colección Guillermo Caballero de Luján, Valencia

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