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La Torre Herida por el Rayo: Lo Imposible como Meta

1 de febrero, 2000 – 7 de mayo, 2000

Esta exposición trata acerca de los límites del ser humano y de la lucha que este mantiene con ellos para tratar de romperlos, atravesarlos y alcanzar la posesión física e intelectual de partes significativas del territorio situado más allá de tales límites, de un mundo —en principio— vedado a sus facultades aunque reiteradamente imaginado, esto es, del espacio de lo imposible deseado. Jacques Lacan decía que "el camino del sujeto pasa entre dos murallas de imposible" y en esta exposición se habla de los intentos de derribo de esas murallas porque sus protagonistas, probablemente, han llegado a la conclusión de que las metas imposibles son las únicas que merece la pena intentar conseguir.

Lo imposible como meta es el afán —individual o colectivo— por vencer lo insuperable, el deseo de ser divino, de alcanzar a Dios y equipararse a Él, la voluntad de ciertos grupos humanos por emprender tareas titánicas, quiméricas o disparatadas que conducen a la ruina y al extravío mental...

La trágica conciencia sobre las limitaciones propias es lo que otorga a la identidad humana un carácter heroico y titánico durante el tiempo en que esta se esfuerza para derribar las fronteras entre lo posible y lo imposible. En los momentos en que el Individuo finito, limitado y disperso se contrasta a sí mismo con el Universo infinito, ilimitado y único, se produce una tensión que, tras un sentimiento inicial de angustia, deviene más tarde en energía creadora, para terminar transformándose en melancólico desengaño por los sueños estropeados.

Todo ello ha sido reiteradamente tratado en la Historia del Arte: las representaciones de la Torre de Babel por Benozzo Gozzoli y Brueghel el Viejo, los interiores carcelarios de Piranesi, las representaciones de espirales y laberintos, el monumento a la III Internacional de Vladimir Tatlin, las paradojas de René Magritte, la arquitectura helicoidal de Frank Lloyd Wright, las obsesiones entrópicas de Robert Smithson, el campo de rayos de Walter de Maria, la arquitectura quebrada de Daniel Libeskind... La literatura tampoco ha sido ajena a este interés: el Frankenstein de Mary W. Shelley, el Frenhofer de Honoré de Balzac, el palacio/oficina/cárcel de Franz Kafka, la biblioteca de Jorge Luis Borges.

Pero no es solo que el Arte haya plasmado en imágenes la idea de lo imposible como meta. Quizá el hecho artístico encarne de manera básica y primordial el drama de la insatisfacción permanente, del anhelo por llegar más allá de lo vislumbrado, de la creación que nunca llega a cerrar su ciclo. El artista, con sus actos, prueba la "existencia positiva de lo irremediablemente perdido" (T. W. Adorno), a lo que, sin embargo, no se renuncia.

En la exposición La Torre Herida por el Rayo: Lo Imposible como Meta se muestran los trabajos de un grupo de artistas que —en la medida de lo posible— se han enfrentado a diversos tipos de imposibilidades: la de la seguridad, la del conocimiento, la de lo eterno, la del rechazo a la muerte, la de la creación de la vida..., todos esos intentos de "abrir las puertas de un infinito que amamos, pero que nunca hemos conocido" (Charles Baudelaire).

En la medida en que las obras imposibles no se pueden culminar, el hecho de quedar inacabadas se convierte en una de las principales características de su naturaleza. Aun así, no todo lo inconcluso es resultado de la imposibilidad, pues otras causas, tales como la impericia o el cansancio, pueden provocar el abandono del objetivo en plena tarea, pero, ciertamente, todo lo imposible, si se emprende la tarea de lograrlo, queda sin terminar, lo que no significa necesariamente fracasado.

El paradigma del que parte esta exposición es el mito de la Torre de Babel. Su imagen representa de manera ejemplar todos los intentos del ser humano por superar las limitaciones que la Naturaleza (divina o biológica) le ha impuesto. La Torre (como cualquier otra obra humana), al principio, para erigirla, requiere Seguridad; después, al contemplarla, provoca Orgullo y, por último, puede degenerar en Soberbia. Ese es el momento en que el Fracaso (el Rayo), en forma de Confusión, o la Decepción por medio de la Insatisfacción, hacen acto de presencia y todo puede desmoronarse, para dar inicio a otra "torre" (otra ambición, otra meta, otra ilusión) diferente.

La exposición La Torre Herida por el Rayo: Lo Imposible como Meta reúne las obras creadas por: Leopoldo Ferrán (Irún, 1963) y Agustina Otero (León, 1960), que viven y trabajan en Irún, el Baztán, y París; Francisco Ruiz de Infante (Vitoria-Gasteiz, 1966), que vive y trabaja en París; Mabi Revuelta (Bilbao, 1967), quien reside y trabaja en Bilbao y Pamplona; Javier Pérez (Bilbao, 1968), que vive y trabaja en Barcelona; y Gabriel Díaz (Pamplona, 1968), quien vive y trabaja en Madrid. Cada uno presenta tres trabajos especialmente concebidos para esta exposición y para el Museo Guggenheim Bilbao, excepto el equipo Ferrán & Otero, que presenta cuatro piezas.

Javier González de Durana
Comisario de la exposición

Volad, volad malditos, que si no os cogiere yo, os cogiera el diablo, 1999–2000

Piel de cabra y hierro

Medidas variables

Colección de los artistas

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