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Homenaje a Chillida

5 de abril, 2006 – 11 de junio, 2006

Eduardo Chillida (1924–2002) tuvo su primera exposición en París en 1950. Desde entonces, le han dedicado retrospectivas en Houston, Berlín, Madrid, Caracas, Londres, Palermo y Bilbao (concretamente en el Museo Guggenheim Bilbao), y en la actualidad su obra está presente en más de treinta museos de todo el mundo. Sus esculturas se encuentran frente al mar, como en San Sebastián, en la montaña, como en Japón o en ciudades como Washington, París, Lund, Münster, Madrid, Palma de Mallorca, Gernika o Berlín. Chillida recibió casi todos los premios existentes a lo largo de su vida: el premio de la Bienal de Venecia, el Kandinsky, el Wilhem Lehmbruck, el Príncipe de Asturias, el Kaiserring alemán o el premio Imperial de Japón.

Muchas de sus obras fueron denominadas homenajes, y están dedicadas a diversos artistas con los que Chillida tuvo algún tipo de vinculación, como Braque, Calder, Giacometti, Miró, Twombly y un largo etcétera de escritores, filósofos y amigos a los que el escultor expresó de esta forma su amistad, respeto y admiración. En total, estos homenajes constituyen más de 80 esculturas, unas 58 estampas y dos dibujos. La primera obra con una referencia explícita es Homenaje a Vivaldi I, de 1951.

También, dos de sus dibujos están dedicados a su poeta preferido, san Juan de la Cruz, y de alguna manera, representan transcripciones gráficas de ciertos versos del místico castellano. Otras de estas piezas "dedicadas" se refieren a amigos (a Rafael Elósegui, a Manolo Millares, a Rafa Balerdi, a Annely Juda, a Cristóbal Balenciaga, etc.) o familiares (su mujer Pilar, su hija María aún bebé, etc.), pero la mayoría son homenajes a escritores (poetas o filósofos), músicos o artistas cuyo talento cautivó a Chillida, y que también pueden considerarse ensayos de interpretación de la escultura o de la pintura de los otros.

El fallecimiento del escultor vasco en 2002 puso de relieve el inmenso aprecio y respeto que el colectivo de artistas de su edad y otros más jóvenes le profesaban. Este hecho llevó a pensar en la posibilidad de que aquellos compañeros de profesión, aquellos que sentían una afinidad y agradecimiento hacia Chillida y su obra, le rindieran un homenaje. Con ese mismo respeto, una institución promotora, el grupo Urvasco, decide a través de su Fundación involucrarse en el proyecto de manera total y desinteresada.

Este homenaje que 45 artistas rinden a Chillida se basa no en la retórica de las palabras, sino en la sencillez de unas obras que hablan a Chillida en el lenguaje particular de cada uno de los artistas presentes, características de la estética personal de cada uno de ellos, que a veces juegan con alguna referencia directa a la obra del escultor vasco. Esta exposición es el ejemplo de esa afinidad y de esa memoria visual hacia Eduardo Chillida y su obra.

Kosme de Barañano
Comisario de la exposición

Manolo Valdés

Horta de Ebro (Homenaje a Chillida), 2003

Alabastro

130 x 100 x 100 cm

Colección Homenaje a Chillida, Grupo Urvasco

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