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Art in the USA: 300 años de innovación

11 de octubre, 2007 – 27 de abril, 2008

Art in the USA: 300 años de innovación pretende dar una visión de conjunto del arte de una nación que lucha por definirse. 200 obras de arte muestran el resultado de la experiencia norteamericana: sus mitos, sueños, dificultades y debilidades.

La exposición, una de las muestras de arte norteamericano más importantes jamás expuesta en el extranjero, está organizada en seis secciones cronológicas que demuestran cómo el arte de cada época ha reflejado y contribuido a una compleja narrativa del país en una época de descubrimientos, crecimiento y experimentación.

I. Colonización y Rebelión (1700–1830)
Las colonias europeas se habían establecido en los márgenes de los asentamientos de los nativos norteamericanos y estaban integradas también por colonos procedentes de Asia y África, que tenían sus propias tradiciones artísticas. Las artes de este período representan por lo tanto los valores de culturas diferentes. Con el tiempo, y a medida que la historia política de Estados Unidos se centraba en la relación de las colonias con el Reino Unido, el arte hizo lo mismo.

Sin embargo, pudieron apreciarse variaciones sutiles en el arte norteamericano. Los primeros retratos son un reflejo de la cultura puritana de Nueva Inglaterra y de la estricta moralidad del ciudadano ideal. En el siglo XVIII, los valores coloniales se relajaron, y los norteamericanos pudientes deseaban retratos que mostraran sus lujosos vestidos, sus posesiones y resaltaran sus logros como comerciantes y coleccionistas. A partir de 1776, cuando las colonias proclamaron la Declaración de Independencia, hubo un deseo renovado de marcar diferencias entre el arte norteamericano y la tradición europea. Los retratos de líderes civiles y figuras públicas no estaban destinados a inspirar ni reverencia ni admiración, sino orgullo nacional y entusiasmo.

II. Expansión y Fragmentación (18301880)
La necesidad de desarrollar una identidad nacional después de la Guerra de Independencia (17751783) suscitó el debate de qué significaba ser norteamericano. Durante la década de 1820, las pinturas que describían la vida contemporánea y los paisajes fueron para los artistas norteamericanos un vehículo por medio del cual ilustrar la creencia de que sus ciudadanos eran excepcionales en virtud de sus libertades personales y económicas.

La pintura de género se centró en personajes corrientes y situaciones de la vida cotidiana, dentro de una atmósfera de democracia. Estas obras entretenían y gozaban de la aprobación de los espectadores, que se veían reflejados en las escenas anecdóticas. Así, las pinturas de género ayudaron al proceso de desarrollo de una única conciencia nacional. Los paisajes, que representan las tierras salvajes en su estado natural y la extensión de un continente virgen que parecía no tener límites, simbolizan el potencial de grandeza de la nación. Hacia la mitad del siglo XIX, el Destino Manifiesto (la generalización de la democracia y la libertad a través de la expansión hacia el oeste por designio divino) legitimó, el crecimiento de la población por todo el continente.

III. Cosmopolitismo y Nacionalismo (18801915)
El arte norteamericano de principios del siglo XX refleja los retos a los que se enfrenta un país que accede a la escena mundial. La nueva riqueza de los Estados Unidos permitió a los artistas y coleccionistas dejar su huella en el extranjero, mostrando así una perspectiva cosmopolita. Al mismo tiempo, la inmigración masiva hacia Norteamérica disipó la identidad de los EE. UU. como colonia británica e hizo que ciudades como Nueva York fueran a más internacionales.

Ésta fue la época del barco de vapor, que puso a América y a su arte al alcance de la comunidad internacional y a merced de la corriente moderna generalizada. La popularidad del Impresionismo se alentaba gracias a los muchos artistas norteamericanos que trabajaban en París. Otras nuevas tecnologías, particularmente la fotografía, ejercían también un poderoso efecto en los artistas norteamericanos, cuyo influjo se dejo ver especialmente en su aproximación a los temas urbanos. Los pintores de la Escuela Ash Can (literalmente "cubo de basura") buscaban una imagen trepidante de la ciudad del comercio. Muy conscientes de las tendencias modernas internacionales, estos pintores creían en una interpretación propiamente norteamericana del arte moderno.

IV. Modernidad y Regionalismo (19151945)
En esta época de efervescencia política, los artistas norteamericanos contribuyeron a la gestación de uno de los períodos más variados y contradictorios. La Gran Depresión de los años 1930 acabó con la exuberante era del jazz y se avecinaron tiempos de agitación cultural. Muchos artistas, que con anterioridad habían practicado la abstracción, trocaron su interés pasando de los asuntos estéticos a las proclamas contra la injusticia social y política (realismo social) o a la representación de una iconografía de la América regional (regionalismo). Describieron una nación de gente sencilla y zonas geográficas diversas y demostraron que los artistas podían ser independientes de Nueva York. Los neoyorkinos, por su parte, buscaban la innovación artística tanto en el mundo natural como en la geometría de los espacios arquitectónicos expresados en formas abstractas.

V. Prosperidad y Desilusión (19451980)
A pesar de una recuperación triunfal de la depresión económica de los años treinta, la inquietud por un posible regreso de los tiempos difíciles persistía. El optimismo que creó la prosperidad de la posguerra se vio atenuado por el miedo a una guerra nuclear.

El desarrollo del Expresionismo Abstracto coincidió con la conversión de EE. UU. en superpotencia internacional. Rompiendo con las convenciones establecidas en cuanto a técnicas y temas, el nuevo tipo de arte que surgió trataba sobre las psiques individuales. Estas obras pueden identificarse por una gran abstracción que pone el énfasis en el gesto enérgico y dinámico, o por centrarse de una manera reflexiva y cerebral en amplios campos de color.

En los años sesenta continuaron produciéndose cambios dramáticos en el arte norteamericano al compartir el Arte Pop y el Minimalismo protagonismo artístico. Los artistas Pop se inspiraron en la publicidad, en la imagen en movimiento y en los embalajes de productos de consumo. Sus imágenes, presentadas, con humor, ingenio e ironía, se pueden considerar tanto una celebración como una crítica de la cultura popular. En contraposición los Minimalistas rechazaron la pintura en favor de la escultura y privilegiaron el concepto sobre la materia, y la idea sobre la cualidad sensorial.

VI. Multiculturalismo y Globalización (1980actualidad)
Desde 1980, los artistas de EE. UU. han lidiado con los legados del Arte Pop, del Minimalismo, del Arte Conceptual, de la Performance y del Videoarte, mientras llevaban estas iconoclasias del pasado hasta extremos nunca explorados y manifestaciones más sofisticadas.

A pesar de que se la tachó de práctica regresiva, en 1980 hubo un resurgimiento evidente de la pintura figurativa que gozó de éxito comercial al coincidir con un período de bonanza económica en el país. De ello se derivó un cuestionamiento de conceptos modernos como la autonomía del objeto artístico y el valor de la autoría, así como de temas relacionados que surgieron debido a las diferencias económicas, de sexo y de raza entre los artistas y su público. La bonanza económica acabaría cediendo a finales de la década y surgió un grupo de obras identificadas como Arte Abyecto. Las distintas prácticas de los movimientos artísticos de finales del siglo XX continúan alimentando el pluralismo del arte contemporáneo en el siglo XXI. En los últimos años, los artistas siguen cuestionando enérgicamente y rescribiendo la definición del arte y sus funciones.

Comisariada por:
Thomas Krens, Susan Davidson, Elizabeth Kennedy y Nancy Mowll Mathews.

 

Thomas Moran

Niebla en el cañón Kanab, Utah (Mist in Kanab Canyon, Utah), 1892

Óleo sobre lienzo

112,7 x 97,5 cm

Smithsonian American Art Museum, Washington, D. C. Legado de Bessie B. Croffut

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