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ArquiEscultura

28 de octubre, 2005 – 19 de febrero, 2006

Desde su nacimiento a finales del siglo XIX, la escultura moderna ha absorbido los impulsos clave de la historia de la arquitectura mientras que, por otro lado, la arquitectura contemporánea se está desarrollando en términos tan esculturales que a menudo parece continuar la historia de la escultura. ArquiEscultura es, por tanto, un recorrido por los puntos de encuentro entre arquitectura y escultura a través de una selección de alrededor de 180 obras, maquetas y fotografías de los artistas y arquitectos que más han aportado a este diálogo entre disciplinas.

¿Qué es una arquiescultura? ¡Mire a su alrededor! Se encuentra en una de las mayores arquiesculturas del planeta. Para quien venga a Bilbao, al principio, el extraordinario edificio del Museo Guggenheim Bilbao le parecerá, desde cierta distancia, una escultura gigante de Hans Arp o Vladimir Tatlin, que se hubiera posado como un OVNI en plena ciudad. Sin embargo, la superescultura del arquitecto norteamericano Frank Gehry no es sólo un monumento o un signo, sino que además permite entrar en ella. Alberga un gran museo de tres plantas y, por tanto, también es arquitectura funcional. Los avances en las técnicas de construcción alentadas por el uso de la tecnología digital en la concepción del proyecto y el desarrollo de nuevos materiales han permitido que en la actualidad los arquitectos puedan configurar sus edificios con las formas plásticas más insólitas —desde el deconstructivista Museo Guggenheim Bilbao, hasta el edificio en forma de pepino de la aseguradora Swiss-Re de Norman Foster en Londres—. Los edificios parecen esculturas a mayor escala de Jacques Lipchitz, Henry Moore o incluso Eduardo Chillida, por ejemplo, y la enorme creatividad con la que los arquitectos dan forma a sus objetos alimenta la sospecha de que hoy es la arquitectura, en general, la que prosigue la historia de la escultura a través de los edificios.

El boom de la arquitectura escultural hace olvidar fácilmente que ya hubo arquiesculturas en el pasado; es más, el fenómeno actual se enmarca en una larga tradición en la que la arquitectura y la escultura se fecundan y utilizan recíprocamente. Las pirámides egipcias ya impresionan por la exuberancia geométrica de su plasticidad elemental, y en el gótico se funden la escultura y la arquitectura en una única fusión orgánica.

La exposición ArquiEscultura, organizada por la Fondation Beyeler en Basilea y que, después de Bilbao, itinera al Kunstmuseum Wolfsburg de Alemania, es la primera que trata este tema con semejante amplitud y profundidad histórica, desde el siglo XVIII hasta el presente, desde el cenotafio de Newton de Etienne-Louis Boullée (1784) hasta el Museo Guggenheim Bilbao de Frank Gehry. En total, la muestra reúne unas 180 esculturas, pinturas y maquetas de unos 60 artistas y 50 arquitectos procedentes de todo el mundo. Entre los arquitectos españoles se encuentran Juan Navarro Baldeweg, con el proyecto "Wang Wei" en Benidorm, y el estudio de Luis Moreno Mansilla y Emilio Tuñón, con una maqueta del Auditorio de la ciudad de León.

Lo singular y novedoso de esta muestra es la confrontación directa de esculturas originales de destacados escultores con maquetas de edificios de todo el mundo, que se tratan como pequeñas esculturas, lo que permite comparar directamente las ideas plásticas de ambos ámbitos. Una cuidadosa exhibición de obras del gran escultor Eduardo Chillida junto a maquetas de arquitectos internacionales, como Steven Holl o Herzog & de Meuron, muestra el grado de importancia que adquiere la función paradigmática de la escultura moderna en los conceptos espaciales de la actualidad desarrollados por ordenador.

La exposición está construida como una historia en capítulos.

Los antecedentes de la historia
Partiendo de la pirámide de Giza, de un templo griego o de la catedral neogótica de Antonio Gaudí, se puede comprobar que la escultura moderna, en su nacimiento en torno a 1900, recibió impulsos esenciales de la arquitectura histórica, algo a lo que hasta ahora se había prestado poca atención; por ejemplo, las figuras de composición tectónica de Aristide Maillol influidas por el clasicismo, o Rodin y el Constructivismo Ruso, inspirados en el gótico.

Neoclasicismo: del siglo XVIII al siglo XX
El Neoclasicismo y la gran esfera de Etienne-Louis Boullée de 1784, obra capital de la era de la Ilustración, son el auténtico hilo conductor de la exposición, que llega directamente a los Arquitectones suprematistas de Kazimir Malevich (ca. 1920). Como homenaje a Boullée y al riguroso canon formal del Clasicismo, el artista alemán Gerhard Merz ha creado específicamente para Bilbao en esta sala un friso monumental de varios cientos de tubos fluorescentes, que conducen por la exposición a modo de "luz de la Ilustración".

El triunfo sobre la escala
"¡Pero si es como mi taller!" parece que exclamó Constantin Brancusi cuando en 1926 vio por primera vez desde el barco la silueta de Manhattan. El conglomerado de unidades cúbicas formado por los rascacielos le recordó a los pedestales geométricos que el escultor rumano había construido en su taller de París. Una fotografía de gran formato de dicho taller recuerda en la exposición esta relación y muestra analogías sorprendentes con la lúdica composición del Atrio y la escalera del Museo Guggenheim Bilbao. En los años cincuenta, Brancusi propuso erigir como rascacielos para Chicago una versión, aumentada en su ejecución práctica hasta los 122 m de altura de su Columna sin fin, y así definió la arquitectura como aumento de esculturas sin escala, una práctica usual en la actualidad.

1910–30 Cubismo, De Stijl, Bauhaus; Expresionismo; Lenguaje—Alma—Espacio: Rudolf Steiner y Ludwig Wittgenstein
Hacia 1900, el famoso historiador de arte August Schmarsow hizo la siguiente distinción: la escultura es "gestadora de cuerpos" y la arquitectura "gestadora de espacios". Esta división unívoca va quedando inoperante a partir de 1910. La plástica se hace cada vez más constructiva y tectónica, y establece una conexión con el geometrismo rectangular del estilo internacional en la arquitectura (Georges Vantongerloo y Ludwig Mies van der Rohe). Por otro lado, la arquitectura se va haciendo cada vez más escultórica. La influencia de la arquitectura expresiva de un Erich Mendelsohn o un Rudolf Steiner llega hasta nuestros días, hasta la arquitectura blob de Greg Lynn y Lars Spuybroek, que incide en la relación de cercanía entre la arquitectura antropomorfa y la escultura figurativa. El contraste entre lo orgánico y lo geométrico, entre cuerpo y espacio, constituye el leitmotiv de la exposición.

1950-60 La arquitectura se hace escultura y viceversa
Esta contraposición actúa también en los años cincuenta y sesenta,
época que, a diferencia de los años anteriores a la guerra, se caracteriza
como “época plástica” (Carola Giedion-Welcker, 1955). Le Corbusier
creó por entonces la capilla de Ronchamp, que se aparta claramente de
la caja geométrica de su Villa Savoye (1929–31), y en la misma época, la
espiral orgánica del Solomon R. Guggenheim Museum de Frank Lloyd
Wright se erige en Nueva York. Entre tanto, en la escultura se abre paso
a una nueva revolución. Eduardo Chillida logra “revertir” el “cuerpo de la
plástica” en el “espacio de la arquitectura”.

La escultura como vía y lugar: del monumento a la instalación
Igual de revolucionarios fueron los experimentos de Alberto Giacometti con la idea del pedestal y de la plaza, con los que en los años cincuenta inició un gran movimiento de expansión. Giacometti es considerado el padre del arte de instalación, una forma de expresión que conquista el espacio, que penetra en el espacio urbano e incluso intenta transformar todo el cuerpo social en plástica social (Joseph Beuys).

1970–2000 Arquitectura minimalista y escultura paisajista
Igual de revolucionarios fueron los experimentos de Alberto Giacometti con la idea del pedestal y de la plaza, con los que en los años cincuenta inició un gran movimiento de expansión. Giacometti es considerado el padre del arte de instalación, una forma de expresión que conquista el espacio, que penetra en el espacio urbano e incluso intenta transformar todo el cuerpo social en plástica social (Joseph Beuys).

La ciudad escultural 1960–70: utopías urbanas como megaesculturas
También las utopías del nuevo urbanismo en los años sesenta, que se apartaron de la objetividad del funcionalismo, se orientaron hacia el arte (Constant, Arata Isozaki, Yona Friedman). A partir de mediados de los años cincuenta surgieron cada vez más proyectos urbanísticos configurados como megaformas esculturales. Los objetos de esta sección, en especial la instalación urbana de Miquel Navarro Ciudad muralla (1995–2000), están instalados de tal modo frente a los muros de cristal del Museo que el visitante puede establecer una conexión directa entre la utopía conformada por las piezas de la instalación y la vista real del paisaje urbano de Bilbao en el exterior.

Box y Blob y el descubrimiento del espacio virtual: el siglo XXI

Esta sección se dedica a la más candente polémica del presente inmediato: la disputa entre las orientaciones box y blob. Para la configuración de sus espacios, la arquitectura funcionalista utiliza, tradicionalmente, la forma de caja rectangular. Sin embargo, el ser humano, desde su cobijo ancestral —la cueva— también ha conocido una tendencia hacia la forma espacial orgánica, que con las nuevas posibilidades tecnológicas encuentra su cima en la arquitectura blobmeister [blob: objetos binarios de gran tamaño]: las viviendas embriológicas o "Embryological Houses" de Greg Lynn.

Algunos espíritus escépticos, como el de la prestigiosa teórica del arte Rosalind Krauss, opinan que la arquitectura absorbe a la escultura, que la ha "devorado". En ningún otro lugar del mundo se pueden mostrar mejor estas "liaisons dangereuses" que en Bilbao. Con su Museo Guggenheim Bilbao, Frank Gehry creó en 1997 una superescultura que parece engullir a todas las demás. La obra Serpiente (Snake, 1994–97) creada por Richard Serra, desapareció en la gran sala del Museo como en el vientre de una ballena. Sin embargo, con las siete nuevas obras monumentales que el Museo recientemente ha encargado al artista instaladas de modo permanente en junio de 2005 en la sala 104 Arcelor, Richard Serra ha escrito un nuevo capítulo de la novela "El arquitecto frente al escultor". El título de esta instalación de más de mil toneladas, La materia del tiempo, revela que aún no se ha dicho la última palabra. La exposición ArquiEscultura trata de mostrar que la relación entre la arquitectura y la escultura no es antropófaga sino que, a lo largo de los siglos, ha sido y es una relación fructífera. La confrontación lúdica de obras de Hans Arp, Gordon Matta-Clark, Bruce Nauman, etc., con el interior escultural de Frank Gehry, y la presentación amplia de las maquetas de trabajo del singular edificio, intensifican este diálogo y ofrecen al visitante una ocasión única de experimentar el edificio como superescultura, y a la vez revivir de una forma nueva la historia de la escultura.

Markus Brüderlin
Comisario de la exposición
Director Electo del Kunstmuseum Wolfsburg, Alemania

Kazimir Malevich

Arquitectón Gota (Architekton Gota), 1923

Yeso

85,3 x 56 x 52,5 cm

Museo Estatal Ruso, San Petersburgo

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