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Anselm Kiefer

28 de marzo, 2007 – 9 de septiembre, 2007

En el año en que celebra su Décimo Aniversario, el Museo Guggenheim Bilbao presenta Anselm Kiefer, una antológica del artista alemán, comisariada por Germano Celant, Conservador Jefe de Arte Contemporáneo del Solomon. R. Guggenheim de Nueva York. Organizada temáticamente, la muestra incluye una selección de obras icónicas creadas en los diez años previos y pertenecientes a los fondos del artista, a colecciones públicas y privadas, y a la Colección del Museo Guggenheim Bilbao.

Kiefer, uno de los creadores fundamentales de nuestro tiempo, nació en 1945 poco antes del fin de la II Guerra Mundial y creció siendo testigo de la destrucción de la guerra moderna, de la desmembración de su país, de la reconstrucción de una nación dividida y de la lucha por su renovación. Desde el convencimiento de que no existe una verdad sino interpretaciones diferentes, Kiefer constantemente cuestiona en sus obras el lugar que ocupa el ser humano dentro del cosmos y analiza las interrelaciones entre la historia, la mitología, la literatura, la identidad y la arquitectura alemanas. Como resultado, sus obras presentan superficies con múltiples capas, tan complejas y fragmentadas como los temas que tratan. Estas obras monumentales, repletas de referencias a la tradición romántica alemana y al acervo político y filosófico de su país, fusionan la pintura, el collage y la escultura, y combinan una paleta casi monocroma con materiales poco ortodoxos como plomo, alambre, paja, yeso, barro, semillas, girasoles, ceniza y polvo. De esta forma, Kiefer nos brinda un corpus de obra prolífico cuya escala monumental y particular textura subrayan la solemnidad y la naturaleza trascendente de su contenido.

En los últimos años Kiefer ha explorado un conjunto de temas más universales, todavía basados en la religión, en simbolismos ocultos, en los mitos y en la historia, pero centrándose ahora más en el destino global del arte y de la cultura, así como en la espiritualidad y los mecanismos y misterios de la mente humana. El arte de Kiefer reflexiona sobre la civilización global y sobre la fe, y nos alerta sobre la repetición cíclica de la historia, al tiempo que analiza y trata las experiencias y cargas de la condición humana.

La exposición está organizada temáticamente e incide especialmente en las intervenciones monumentales de Kiefer, es decir, obras que a lo largo del tiempo han establecido una fuerte interacción con la arquitectura y que, a menudo, se ubican con una intención simbólica en contextos cargados de referencias históricas, religiosas o culturales. Entre ellas se incluye una selección de impresionantes lienzos de la serie Chevirat Ha-Kelim (2000), o las obras que han afrontado temas en profundidad como La vida secreta de las plantas (2001–02). En el Atrio del Museo se muestra una nueva pintura de ubicación específica creada para este espacio, un colosal mapa celeste de 15 metros cuya vertiginosa verticalidad interactúa plenamente con el espectacular Atrio de Gehry. La exposición continúa en la primera planta del Museo y en la segunda, donde se divide en secciones dedicadas a conjuntos de obras individuales pero relacionadas entre sí, recuerdos e ideas que ilustran la investigación del artista, ofreciendo un impacto visual y emocional característico de las obras de Kiefer.

Las referencias históricas, culturales y geográficas de Kiefer son muy diversas. Elige puntos y momentos específicos de la historia para tratar temas e inquietudes universales que se solapan y entremezclan. La exposición evidencia también sus inspiraciones literarias y poéticas, desde la filosofía de Martin Heidegger (1889–1976) y Friedrich Nietzsche (1844–1900) hasta los escritos de Paul Celan (1920–1970), Jean Genet (1910–1986) y la música de Richard Wagner (1813–1883). A través de estas figuras, afronta temas relacionados con la naturaleza, la ciencia, la religión o la historia.

Entre las piezas expuestas se encuentra Para Khlebnikov (2004), una serie de pinturas dedicadas al visionario poeta ruso futurista Velimir Khlebnikov (1855–1922). En ellas Kiefer trata del convencimiento que tenía el poeta de que las catástrofes bélicas navales se producen cada 317 años, y reproduce los barcos de la Segunda Guerra Mundial como si flotaran en el aire, en lugar del mar, y los acompaña de escritos que hacen referencia a nombres de barcos de guerra, batallas y militares célebres que representan el modelo histórico cíclico de Khlebnikov. La ciencia y el destino son, así mismo, el tema principal de otra serie inspirada en el observatorio que el Maharajá indio Sawai Jai Singh II (1688–1743), notable matemático y astrónomo, construyó para contemplar el firmamento en Jaipur, ciudad de la India que Kiefer visitó. En las obras de esta serie aparecen constelaciones salpicadas con instrumentos de medición tales como relojes de sol.

La muestra profundiza en la investigación de Kiefer sobre la fragmentación de la historia. Esta idea toma la forma de un diálogo entre la arquitectura arcaica, las escaleras de cemento en ruinas y la representación pictórica de unas ruinas antiguas en Sólo con el viento, el tiempo y el sonido (1997), obra que explora la búsqueda espiritual. Kiefer aborda la mezcla de religiones en Chevirat Ha-Kelim, un emocionante conjunto de obras monumentales, cuya parte superior tiene forma de arco. Kiefer creó estas obras para la capilla del hospital psiquiátrico La Salpêtrière de París, y hacen referencia a la Cábala, las enseñanzas místicas basadas en una interpretación esotérica de las escrituras hebreas.

Kiefer también ahonda en la identidad y la experiencia de la mujer en dos períodos históricos distintos a través de sendos grupos de obras. Mujeres de la Revolución (1992) se inspira en el libro de título homónimo de Jules Michelet (1798–1874) e incluye camas de plomo con fotografías y textos garabateados en la pared que aluden a las figuras femeninas más importantes de la Revolución Francesa. En Mujeres de la Antigüedad (2000–04), maniquíes sin cabeza, ataviados con vestidos de crinolina blanca, representan a personajes mitológicos e históricos de la antigüedad. Algunas de estas mujeres fueron heroinas, otras malvadas, pero todas eran de fortaleza y determinación notables. Kiefer representa también a personajes históricos como Berenice, una princesa egipcia del siglo III a.C., cuyo pelo, objeto de una leyenda, se convirtió en una constelación. Las meditaciones de Kiefer sobre la naturaleza y la ciencia prosiguen en La vida secreta de las plantas, un fresco compuesto por 28 pinturas que incluye ramas, plomo y alambre. El artista tomó el título de un libro de Peter Tomkins y Christopher Bird, publicado en 1973, en el que se analizaba la naturaleza sensible de las plantas y cómo éstas podían dar respuesta a los misterios de nuestro mundo.

Para Paul Celan (2006), se compone de libros de plomo macizos y desafiantes atravesados por flores, símbolos clásicos tanto de la fertilidad como de la transitoriedad de la vida. De esta forma, Kiefer rinde homenaje al poeta y ensayista judío rumano Paul Celan, quien sobrevivió milagrosamente al Holocausto. Celan comparte muchos de los temas e inquietudes de Kiefer: el sentimiento de pérdida y melancolía, y la convicción de que la memoria debe preservarse como único modo de asimilar los traumas de la historia del hombre.

Al examinar estos conceptos y fuentes de inspiración claves de la obra del artista en el contexto de los espacios dinámicos del edificio de Frank Gehry, Anselm Kiefer alcanza la fuerza extrema de un momento operístico: la pintura se entrelaza con la arquitectura para crear una dimensión imaginaria del arte como una fuerza personal y colectiva.

Germano Celant
Comisario de la exposición

Anselm Kiefer

La jerarquía de los ángeles (Die Ordnung der Engel), 2000

Óleo, emulsión, acrílico, goma-laca y telas de lino sobre lienzo

950 x 510 cm

Colección del artista

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