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100% África

12 de octubre, 2006 – 18 de febrero, 2007

Desde 1989, el fotógrafo y empresario suizo Jean Pigozzi viene reuniendo una amplia colección de arte africano contemporáneo, que con la colaboración del conservador André Magnin, se ha convertido en la Contemporary African Art Collection (CAAC). Esta exposición presenta una selección de obras de esta reconocida colección que, abarca un amplio espectro de la creación artística en el continente africano y recoge una pluralidad de formas de expresión. La muestra incluye veinticinco artistas, como Frédéric Bruly Bouabré, Bodys Isek Kingelez, Chéri Samba y Malick Sidibé, entre otros, procedentes de unos veinte países subsaharianos, e incluirá un gran número de piezas recientes jamás vistas anteriormente, así como algunas especialmente encargadas para su muestra en el Museo.

Arte africano contemporáneo
Presentada por la Contemporary African Art Collection, 100% África propone una selección de artistas africanos contemporáneos que ilustran la diversidad y la riqueza de los modos de expresión del África negra. 100% África se concentra exclusivamente en los artistas que viven y trabajan en el África subsahariana, lugar donde han concebido y realizado sus obras. Con esta selección, se desea brindar apoyo y respaldo a aquellos creadores que han venido comprometiéndose con determinación y esperanza en el futuro de su continente. La exposición invita a realizar un viaje a través de más de 15 países y propone una visión poco conocida y poco habitual de la creación en África.

La noción misma de arte africano contemporáneo encierra tras de sí la existencia de una nueva mirada occidental, perspectiva que adquiere significación en la escena internacional a finales del siglo XX. En la época de la colonización, la producción artística de los países llamados "subdesarrollados" estaba relegada al folclore y la artesanía. De esta forma, reservando la categoría de arte contemporáneo para lo occidental, los artistas, críticos e investigadores del primer mundo se sentían a salvo. Por supuesto, en África existía también un arte surgido de las academias, parecido al nuestro, producto de la enseñanza colonial y poscolonial. Posteriormente, ya a finales de los años ochenta se abordó el arte contemporáneo desde un punto de vista geográfico; fue en ese momento cuando se indagó sobre las relaciones interculturales y las nociones de universalización. Toda una parte ignorada de la creación contemporánea iba al fin a ocupar un lugar en la vida cultural y en la conciencia de los países occidentales.

A partir de 1986, fecha en la que André Magnin, conservador de la colección y comisario de esta exposición, emprende una exploración sistemática en los continentes "olvidados" —África, América del Sur, Asia, Oceanía— de cara a organizar la histórica exposición Magiciens de la terre de 1989, celebrada en París en el Centre Pompidou y el Grande Hall de La Villete. Ésta fue la primera exposición realmente internacional que permitió descubrir obrascompletamente desconocidas, sorprendentes y libres de constricciones. Desde entonces, han tenido una difusión internacional y participan, al fin, en una historia mundial de las artes.

La Contemporary African Art Collection
La exposición Magiciens de la terre mostró por primera vez en un plano de igualdad a artistas contemporáneos de todos los continentes. A partir de este acontecimiento fue creada la Contemporary African Art Collection (C.A.A.C.), que es en la actualidad la colección privada de arte contemporáneo africano más importante del mundo. Nacida del entusiasmo de Jean Pigozzi y de su encuentro con André Magnin, reúne a artistas de todas las generaciones que viven y trabajan en el África subsahariana. "Antes de 1989 —afirma Jean Pigozzi— no tenía ni idea de que pudiese existir en África una creación contemporánea de tal riqueza".

La Contemporary African Art Collection está dedicada al arte contemporáneo africano en todas sus formas, y es única en el mundo. Con sede en Ginebra, la colección organiza y participa en exposiciones individuales y colectivas de museos de arte moderno y contemporáneo de todo el mundo. No tiene vocación de museo y tampoco pretende representar todas las tendencias del arte en África. Es una aventura personal, una pasión que se ha convertido en una colección de nivel internacional por su diversidad y por sus exigentes, rigurosos e independientes criterios de selección. Implica un trabajo de investigación permanente en todos los países del África negra y solamente ha podido crearse gracias a los artistas, a la confianza depositada por ellos y al hecho de habernos mantenido presentes de forma constante a su lado. En el contexto africano, desprovisto de museos de arte contemporáneo, de coleccionistas, de galerías, etc., la relación con el artista es fundamental.

Desde 1986, fecha en la cual el conservador André Magnin emprendió sus investigaciones para Magiciens de la terre, la situación ha cambiado considerablemente gracias a las nuevas tecnologías. Éstas permiten a los artistas del continente comunicarse entre ellos, organizarse y participar en los más prestigiosos eventos de artecontemporáneo del mundo. Esta "revolución" ha contribuido en gran manera al reconocimiento del arte africano de hoy en día.

100% África
100% África presenta a 25 artistas africanos contemporáneos que viven y trabajan en el África subsahariana, en el marco de una escenografía firmada por el prestigioso diseñador italiano Ettore Sottsass y por su colaborador, el diseñador Marco Palmieri. La exposición abarca varias generaciones de creadores (pintores, dibujantes, fotógrafos, escultores y videoartistas) y presenta, tanto a creadores de renombre internacional (el gran retratista Seydou Keïta, los pintores Chéri Samba, George Lilanga o Richard Onyango, el enciclopedista y universalista Frédéric Bruly Bouabré, los inclasificables Bodys Isek Kingelez y Romuald Hazoumé), como a otros artistas más jóvenes y prometedores como Abu Bakarr Mansaray, Titos Mabota, Pathy Tshindele o Calixte Dakpogan.

La mayoría de estos creadores, afincados en los grandes centros urbanos producen sobre todo obrafigurativa, narrativas o incluso didáctica; mantienen una gran proximidad con su público, así como con la actualidad local y mundial. Estas instantáneas visuales de su entorno son quizá una de las formas contemporáneas de transmisión de conocimientos heredada de la tradición oral africana. Es lo que los habitantes de Kinshasa llaman "radio-trottoir" [término del vocabulario franco-africano que significa "rumor urbano"].

Otros artistas habitan el corazón de barrios caóticos; mediante los sueños se evaden del lugar donde viven, de su cotidianeidad y, para ello, inventan máquinas "intergalácticas", visionarias, que los propulsan a otro mundo.

Por último, hay creadores, sobre todo escultores, que viven enraizados en su tierra natal. Perpetúan la creación de objetos y enriquecen las tradiciones, creencias, cuentos y leyendas, o inventan universos sobrenaturales.

100% África subraya la importancia de cuestiones propias de la colectividad y demuestra que una de las realidades ineludibles de África sigue siendo la de la comunidad. Una de las constantes más visibles e incluso reivindicadas de la creación contemporánea africana es que los artistas están profundamente impregnados por su entorno y orientan a él su mirada, aunque aspiran a una legibilidad internacional.

De hecho el Alfabeto Bété (1990–91), una de las obras esenciales del viejo artista universalista de Costa de Marfil, Frédéric Bruly Bouabré, fue concebida en primer lugar para el pueblo Bété, que carece de escritura, con el objetivo último de poder escribir todas las lenguas del mundo. En sus declaraciones el artista afirma: "para mí las tradiciones y la realidad africana poseen una radiante belleza que merece ser interpretada y presentada con orgullo para informar e instruir a las personas".

Uno de los célebres pintores congoleños, Chéri Samba, fundador junto con Chéri Chérin, Moke y Bodo de la "pintura popular zaireña", afirma lo siguiente: "Mi arte está impregnado de mi entorno, viene del pueblo, concierne al pueblo y se dirige a él. Sean cuales sean sus orígenes un artista debe ser comprendido en todo el mundo".

Uno de los célebres pintores congoleños, Chéri Samba, fundador junto con Chéri Chérin, Moke y Bodo de la "pintura popular zaireña", afirma lo siguiente: "Mi arte está impregnado de mi entorno, viene del pueblo, concierne al pueblo y se dirige a él. Sean cuales sean sus orígenes un artista debe ser comprendido en todo el mundo".

El artista congoleño Bodys Isek Kingelez, que vive en el corazón de la caótica megalópolis Kinshasa, asume un compromiso estético y poético. Cuestiona la condición humana y quiere poner su arte al servicio de la comunidad con vistas a crear un mundo nuevo. A través de sus ciudades visionarias y utópicas afirma: "el arte es un saber elevado que participa del mejor futuro de la colectividad".

La obra del artista de Benin Romuald Hazoumé, que se define como un creador contemporáneo nómada, ha logrado el reconocimiento gracias a sus "máscaras-bidón". Se cuestiona la vida cotidiana y propone una interpretación radical de los delirios de la actualidad mundial. Se nutre de la historia, las culturas, las creencias, el vudú y el vocabulario iniciático para determinar creaciones que denuncian la corrupción de su continente y estigmatizan la esclavitud moderna y la política de los países occidentales con respecto a África.

El artista malgache Efiaimbelo, recientemente fallecido, produjo un arte sagrado, considerado el más prestigioso de la isla. Supo, gracias a su refinamiento e inventiva, mantener vivo este arte. Sus aloalos, esculturas tradicionales que adornan las tumbas de un difunto adinerado o de un jefe espiritual, son más un homenaje a la vida que a la muerte. La parte superior de los aloalos evoca los acontecimientos que han marcado la existencia del difunto, la vida del clan y los cuentos y leyendas de éste. La obra de Efiaimbelo pretende ser un receptáculo de saberes y conocimientos que transmite así a las generaciones más jóvenes.

La fotografía africana no obtuvo reconocimiento en la arena internacional hasta los años noventa. Sus figuras más representativas (Keïta, Malick Sidibé, J.D. ‘Okhai Ojeikere y Depara) son retratistas y reporteros que actúan como testigos de la historia y registran hechos sociales.

Seydou Keita, el gran retratista de Mali, fotografió a buena parte de los habitantes de Bamako entre 1948 y 1962. Los miles de retratos que realizó son un testimonio excepcional de la sociedad maliense de aquella época. Las fotos de Keïta, más allá del interés sociológico que puedan suscitar, son obras de arte indiscutibles. Su reputación se sustenta tanto en la calidad de las imágenes como en la originalidad de las poses que hacía adoptar a sus modelos. Su obra se suma a la lista de los mejores retratistas contemporáneos.

En la efervescencia de los años cincuenta nació una nueva generación de fotógrafos totalmente implicada en la vida cultural y social, formando parte de ella como actores y testigos. Malick Sidibé de Malí y el congoleño Depara acompañan a los jóvenes que descubren la música y el baile procedentes de Europa y de Cuba, que se visten siguiendo la moda occidental y rivalizan en elegancia. Sus archivos atesoran información excepcional sobre los primeros años de la descolonización. En sus reportajes locales nos ofrecen imágenes llenas de realidad, instantáneas de lo cotidiano, de lo familiar y de los momentos de ocio.

El fotógrafo nigeriano Ojeikere se embarcó con ahínco en un inédito proyecto artístico consagrado a los peinados africanos, que él considera creaciones. Desde hace 35 años continúa en esta tarea y ha llegado a elaborar un archivo de peinados de su país único, que constituye un legado milenario y una memoria colectiva. Nos ha hecho descubrir su diversidad y su increíble belleza. Su obra aúna una labor antropológica, etnográfica y, ante todo, estética.

La exposición 100% África se ha realizado gracias a un conocimiento profundo del contexto histórico, político, sociológico y cultural en el que trabajan estos artistas del África negra. Las obras son prueba de una fusión explosiva entre tradición, creencias, intercambios culturales, pasado y presente, escapando a un legado que pretende circunscribirlas a su propia historia. Es importante que hoy en día no nos limitemos a considerar a los artistas africanos únicamente desde la perspectiva de sus orígenes, sino que lohagamos por la riqueza, singularidad y la fuerza de su arte.

Malick Sidibé

Bailar el twist (Dancer le Twist), 1965

Copia a la gelatina de plata

100 x 100 cm

Cortesía C.A.A.C. – Colección Pigozzi, Ginebra
© Malick Sidibé

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